A veces, sonreír es la mejor forma de contribuir a cambiar el mundo.

viernes, 27 de diciembre de 2013

¿Nunca te preguntaste...?

¿Qué hubiese pasado si tus viejos no se conocían?

¿Quién iría a tu velorio?

¿Quién va a estar en tu cumpleaños cuando seas viejito?

¿Cómo sería verte a vos mismo pero en tercera persona?

¿Quién serías hoy si cambiaras alguna de las decisiones que tomaste?

¿Cómo sería todo si no hubieses nacido?

¿Quiénes te seguirían hablando si te fueses a vivir lejos?

¿Cómo sería todo si hubieses nacido en otra familia?

¿Podríamos no ser reales, y ser sólo el sueño de alguna persona que sí es real?

¿Nunca te preguntaste aunque sea alguna de estas cosas?

Sólo preguntarse, por diversión, porque nunca se va a saber realmente. Pero, quizás, lo primero sea preguntarse. O lo más valioso no sean las respuestas, sino las preguntas.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Blancanieves, políticamente correcto.


Blancanieves era una niña encantadora que provenía de un hogar desestructurado. Sus padres tenían serios conflictos de convivencia, con episodios puntuales cercanos a la violencia de género, por culpa de ciertos problemas de adicción de la madre que finalmente dieron al traste con la relación. Después de un intenso periplo judicial, la custodia de Blancanieves acabó recayendo en su padre, que unos años más tarde rehizo su vida con una nueva compañera sentimental. 

Blancanieves aceptó la nueva relación de su padre de buen grado y siguió su vida como siempre, colaborando en movimientos sociales de vanguardia, organizando jornadas de resistencia con el movimiento okupa, de gran pujanza en aquel pequeño reino y, en general luchando con distintas organizaciones de izquierda por un mundo mejor y más justo. 

La madrastra, que era de derechas aunque intentaba disimularlo con cierto aire centroreformista, quería que Blancanieves hiciera un curso de corte y confección por correspondencia o al menos acabara la ESO, pero “eso” no entraba en los cálculos de la chiquilla, cuya fuerte conciencia social y su ideal de lucha por la paz perpetua y el mejoramiento social de los más débiles, le impedían dedicarse a actividades tan reaccionarias. La madrastra tampoco soportaba el trajín constante de los amigos de Blancanieves por casa, ni que organizaran asambleas políticas en el living-room, lugar que dejaban siempre hecho un asco según los patrones caducos de limpieza de su clase social. Hasta tal punto llegó la tensión entre Blancanieves y su protofascista madrastra, que el padre se vio obligado a abrir un proceso de diálogo encaminado a acabar con la violencia verbal entre ambas. Blancanieves, que tenía un corazón de oro, prefirió no tensionar más la relación sentimental de su padre y decidió irse de cooperante a un bosque cercano, donde podría seguir trabajando por un mundo mejor sin necesidad de aguantar diariamente a semejante petarda. 

En un bosque próximo a su aldea funcionaba una ONG compuesta por siete personas con disfunciones en el sistema hormonal del crecimiento, dedicada a luchar contra las multinacionales de la madera, que amenazaban con esquilmar los bosques del reino. Blancanieves entró rápidamente en contacto con la organización y quedó fascinada por la gallardía con que sus integrantes se enfrentaban al capitalismo depredador. En el acto formalizó su solicitud y se puso a trabajar con el resto de sus miembros en el programa de agitación social del pueblo, para inducirle a rebelarse contra quienes pretendían acabar con su derecho social al disfrute del paisaje. 

Pero la madrastra, que, recordemos, era de derechas, no dejaba de interesarse por las actividades de la muchacha y estaba cada vez más alarmada con las noticias que le llegaban de su participación en acciones de comando contra las empresas madereras. Por eso, un buen día se disfrazó de anciana perteneciente a una minoría étnica y, acercándose a la sede de la ONG, entregó a su hijastra una jugosa manzana previamente rociada con un potente ansiolítico. En cuanto Blancanieves comió el jugoso fruto entró en un estado de letargo que le impedía el más mínimo esfuerzo intelectivo. Pasaba los días viendo el programa de Ana Rosa y los espacios vespertinos de testimonio, sin voluntad para seguir su prometedora carrera en el campo de la concienciación social, en el que tanto había destacado.

Las siete personas con disfunciones en el sistema hormonal de crecimiento empezaron a preocuparse cuando vieron a Blancanieves poniéndose rulos y a hablando con los ojos semientornados imitando a Belén Esteban. Pero cuando más profunda era la sima en que se encontraba su invitada, un príncipe acertó a pasar por delante de la sede de la ONG. Las siete personas con disfunciones en el sistema hormonal de crecimiento tenían cierta relación con el príncipe, pues aunque sucesor de una institución opresora y antidemocrática, era quien les pasaba la información de las rutas de los camiones madereros, con la cual los siete organizaban unas emboscadas maravillosas. Enterado de la tragedia, el príncipe les propuso que le dejaran darle un besazo a Blancanieves. 

- Pero Alteza, ¿Cree que así se curará? 

- Por supuesto que no estúpido, pero si no la beso ahora que está gagá perderé esa oportunidad para siempre. 

Así que sin dar tiempo a que las siete personas con disfunciones..., etc. etc. etc. dijeran nada, se abalanzó sobre Blancanieves y le dio un beso a lo Gary Cooper, con tan buena fortuna que la capsulita de haloperidol que la malvada madrastra había logrado engarzarle en una caries se desprendió por completo. Al cabo de unas horas, pasados los efectos del veneno, Blancanieves volvía a ser la de siempre, pero con un deseo mucho mayor de mejorar el maldito mundo a causa del síndrome de abstinencia. 

El príncipe se había enamorado de ella y le propuso abandonar la lucha callejera e irse con él a vivir a palacio, como pareja de hecho, a cuyo fin había ordenado al Patrimonio Nacional que le hiciera un hermoso palacete junto a la residencia de la familia real. Blancanieves, que también empezaba a sentir algo por el apuesto príncipe, aceptó con la condición de que antes de formalizar su relación de hecho tendrían que asistir a un cursillo de formación de cuadros que una de las siete personas con... impartía esa misma noche en el pequeño salón parroquial de la aldea. 

El director del curso, por cierto subvencionado por la secretaría de estado de asuntos sociales del reino, tenía tanto prestigio entre la izquierda del lugar que le apodaban “El lenincito de la foresta”, aunque para abreviar todos le llamaban “Cito”. Esa noche, el príncipe se vio a sí mismo frente a sus propias contradicciones, aprendió a interpretar la historia de su pequeño reino en clave de lucha de clases, se familiarizó con el materialismo histórico y captó los rudimentos de la dialéctica progresista, fruto de lo cual salió del minicurso convertido en un rojazo coronado, especie por cierto no demasiado infrecuente en las monarquías de la época.

Blancanieves y el príncipe fueron a palacio y desde las escalinatas proclamaron la dictadura del proletariado en medio de un vibrante discurso que acabó congregando a la multitud. La gente se perdía cuando Blancanieves y el príncipe hablaban de los soviets, pero lo de expropiar todos los bienes a los ricos para repartirlos entre el pueblo le sonaba a música celestial. El rey, creyendo que su hijo se había vuelto completamente imbécil, recogió sus pertenencias, sus libretas bancarias y la playstation y abandonó el palacio por las mismas escaleras en las que su hijo se dedicaba a emular a una Scalett O’hara revolucionaria. Mientras bajaba junto a la reina, abdicó solemnemente proclamando al pueblo:

- Hala, aquí os dejo a este idiota con la corona. Que vaya bien. 

Blancanieves y el príncipe, ya rey, convirtieron el antiguo reino en una Democracia Popular, Revolucionaria y Progresista, nacionalizaron todos los bienes de producción, expropiaron a las multinacionales todas sus pertenencias sin derecho a indemnización, prohibieron las manifestaciones religiosas y la maxi-hamburguesa de venado, destruyeron todos los restaurantes de comida rápida, crearon un impuesto para gravar las producciones cinematográficas de un famoso imperio enemigo y promulgaron un decreto aprobando el divorcio express. 

Y todos, especialmente Blancanieves y su príncipe, fueron muy, muy, muy felices y comieron productos macrobióticos con pan de soja. 




James Finn Garner 
Cuentos Infantiles políticamente correctos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Yo, Tú, Nosotros

Te miré, me miraste, nos miramos.
Una chispa,
una luz,
algo que decirnos escrito en las pupilas.

Te sonreí, me sonreíste, sonreímos.
Un brillo,
una alegría,
una soledad detrás de una locura.

Te hablé, me hablaste, hablamos.
Una charla,
un café,
un sueño escondido en un dolor.

Te quise, me quisiste, nos quisimos.
Una foto,
una película,
un beso después de un abrazo.

Te amé, me amaste, nos amamos.
Un roce,
una caricia,
una noche eterna antes de que salga el sol.

Discutí, discutiste, discutimos.
Un reproche,
un disgusto,
una mentira guardada en la memoria.

Te miré, me esquivaste, nos desencontramos.
Un rencor,
un llanto,
una historia que no tiene solución.

Te hablé, me hablaste, hablamos.
Distintos,
sin plural,
queriendo, quizás, cada cual su singular.


Me olvidé, te olvidaste… ¿Nos olvidamos?

jueves, 15 de agosto de 2013

La historia se repite

En 1806 Napoleón Bonaparte, que había sido vencido en Trafalgar años antes, impuso el bloqueo regional sobre las mercancías inglesas con el propósito de arruinar su comercio. Portugal fue una de las naciones que no quiso sumarse a ese bloqueo. Alguien tenía que ponerle los puntos a Portugal, y como se hacía en esos tiempos, lo mejor era invadirlos. Para llegar de Francia a Portugal, ustedes saben, o si agarran un mapa se dan cuenta, hay que atravesar España. Napoleón le pidió permiso al rey español para pasar por su territorio e invadir Portugal para que éstos acaten las órdenes. Tratado de Fontainebleau de por medio, Bonaparte empezó a cruzar España. Cuando iba cruzando territorio español, El Emperador francés se dio cuenta de lo bien que le vendría agrandar su imperio, así que derrocó a los reyes españoles y puso a su hermano al mando. Eso no terminó allí, ya que a raíz de esos sucesos las colonias españolas en América comenzaron con sus revoluciones.

En 1864 Solano López, presidente de Paraguay, le enviaba una carta a Bartolomé Mitre, presidente de Argentina. En dicha carta le pedía a Mitre que lo deje pasar por el territorio argentino para ir hasta Uruguay a ayudar a un sector de la política uruguaya. Según dicen algunas fuentes, Mitre escondió ese petitorio. Solano López al no recibir respuesta de Mitre, y sabiendo que Argentina se había mantenido neutral hasta entonces en los conflictos de la región, pensó que estaba todo bien y que podía pasar. Cuando el presidente argentino vio que los paraguayos entraron en su territorio, les declaró la guerra. Pero la guerra no sólo consistió en correrlos del territorio argentino, sino que, junto con Brasil y Uruguay, exterminaron el 60% de la población paraguaya y le quitaron 700.000 kilómetros de tierras. Fue la llamada Guerra de la Triple Alianza.

En 2004 mi mamá, se entera que me porté mal y se para apoyada contra el marco de la puerta del comedor y me dice “Dale, pasá que no te voy a pegar”. Sosteniendo una alpargata en la mano derecha, y dejándome poco espacio para pasar desde el comedor a la habitación, me hacía creer que todo iba a estar bien. Cuando me logra convencer de que la alpargata no iba a ser usada con fines de golpearme, encaro corriendo hacia mi habitación, tratando, cual contorsionista, de pasar por el poco espacio que me habían dejado. Mientras pasaba y hasta llegar a mi cama, la alpargata fue impactando en reiteradas veces en mi cola. El castigo no quedó allí, sino que por dos meses no pude ir a jugar a la casa de ningún compañerito del colegio.


La historia está destinada a repetirse una y otra vez. A veces se transforma, pero siempre sigue teniendo la misma esencia. Napoleón, Mitre y mi mamá dijeron “Pasá que no te voy a hacer nada”, y cuando nos dimos cuenta España, Paraguay y yo estábamos siendo golpeados por una alpargata.

sábado, 3 de agosto de 2013

Impersonal


Quiero ser y no quiero ser. Quiero estar y desaparecer, cambiar y permanecer. Quiero ser imposible de conjugar.

Quiero llover ¿Por qué no puedo llover? Llover a cántaros cuando estoy triste. Dejar caer las gotas que brotan de mi nube y que caigan una a una sobre las personas que duermen en la calle, y sepan que también estoy llorando con ellos. Llover hasta olvidar, hasta no recordar, hasta inundar de agua las calles y no poder salir de mi casa, y disfrutar esa soledad, como un niño que se arma un refugio con sábanas para aislarse del mundo. 

Tronar. Tronar muy fuerte para sacar toda la bronca desde adentro. Ensordecer a todos con esos gritos, para que me escuchen, para que se queden callados, para que tengan miedo, para que me imiten los que nunca pudieron gritar.

Tirar algún que otro rayo sin dañar, sólo para descargar a tierra los nervios, la angustia y la bronca. Tirarlo bien lejos, como un atleta con la jabalina, y que cruce el cielo de punta a punta. Que rebote contra las ramas del tronco de un caldén y las separe, como se separa una madre de su hijo y lo deja volar sabiendo que son dos, pero que algún día fueron uno solo.

Y quizás, si estoy muy enojado y no me alcanza con los rayos, armar con mis manos granizo y piedras para tirarle a los que están más abajo.

Quiero poder nevar. Caer lentamente en miles de copos. Que el viento me empuje, sentir el aire rozándome, adivinar mi punto de aterrizaje. Nevar tranquilo y verme por la ventana mientras la desempaño y bebo un sorbo de café. Convertirme en muñeco de nieve, o ser el colchón de un oso polar, o la alfombra de algún nene que quiere dibujar un ángel. 

Y cuando me aburra ser una ventisca que sople todas las nubes y empuje los barcos del otro lado del mar.
Estar parcialmente nublado, con probabilidades de chubascos. A veces, alegre. Otras, triste. A veces sin humor, a veces sonriente. La incertidumbre hecha tiempo. Levantarme el ánimo haciendo llover y ver cómo la gente abre el paraguas, camina bajo los techos y pisa baldosas flojas. 

Recuperar la alegría para estar soleado. Lleno de luz para dar. Sonreír y brillar. Abrazar para calentar. Bailar y subir la temperatura. 

Y al final del día anochecer, despacio, sin apuros, entregando lo último que queda de mí. Morir feliz y pleno, suspirando. Sabiendo que tengo una nueva oportunidad de amanecer, de volver a empezar, de volver a nacer. Sin memoria, sin historia, empezar de cero.

domingo, 28 de julio de 2013

Radio Taxi


Necesito un móvil en Conesa y Dehesa. Conesa y Dehesa por favor, un móvil. Peña y Junín, Conesa y Dehesa, Corrientes y Callao. Tomado 25, Peña y Junín, exactamente Junín 1478. Me quedan Conesa y Dehesa, Corrientes y Callao.

Lo escucho 32. ¿Acepta viaje? No me franelee 32, ya le dije que lo nuestro no puede darse en este ámbito. No diga esas cosas que todos los móviles nos están escuchando. No, no voy a cambiar al canal dos. Ay, mire lo que dice 32, como si no hubiera chicas lindas para piropear.

Tomado 53, Corrientes y Callao para usted, Corrientes 1834 la dirección, a nombre de Eugenia.

¿No tiene esposa, 32, que me dice estas cosas a mí? Bueno pero no nos conocemos, ¿cómo sabe usted que soy linda?... ¿Por mi voz? No me mienta 32, esas cosas conmigo no. No, no todas las mujeres son lindas, sino mire a mi cuñada, esa sí que no sé qué le vio mi hermano.

Me queda Conesa y Dehesa, Santa Fe y Ecuador, Talcahuano y Uruguay. ¿Cómo que no puede ser Talcahuano y Uruguay? El que me lo pidió me dijo así. Mire 46, si el cliente me lo dijo, no creo que me vaya a mentir. 32, no se pelee con 46, sólo estamos hablando de la posibilidad que no sea esa la dirección, no me está tratando mal. Gracias 32 por defenderme. A ver entonces 46, dígame por qué no puede ser esa dirección. Ah, es verdad son paralelas. Anoté mal yo. Es Talcahuano y Paraguay. Estaban cerca. ¿Toma ese pedido 46? ¡¿Entonces para qué me corrige si no lo va a tomar?! Tomado 32, siempre tan generoso usted. Talcahuano 813 la dirección, a nombre de Martín.

¿Dígame 32 qué edad tiene usted? ¿35? Ah es joven. No, 35 de edad, no el móvil, no se alarme. ¡No, no me voy a cambiar de canal porque no es necesario! Era sólo para preguntarle eso.
Tomado Conesa y Dehesa, 21. Conesa 4698, a nombre de Ofelia.

¿Ofelia se llama su mamá 32? ¡Qué justo! ¿No sigue viviendo usted con su mamá no es cierto? Mire que a mí me gustan los hombres independientes. Ah, está bien. ¿Y tuvo hijos con su ex mujer? Ah, bueno. No, no me enojé. Estaba ocupada atendiendo el teléfono.

Santa Fe y Ecuador, Cerrito y Viamonte, Mitre y Avenida Roque Saenz Peña. Tomado 61, Cerrito y Viamonte, en el Teatro Colón.

¿Qué dice 32? Yo no entiendo nada de ópera para que me lleve al Colón. Bueno, es cierto, podría ser una linda salida cultural. Salimos a comer y al teatro, ¿le parece 32? Ay, no eso último no. Vamos de a poco, recién nos vamos a conocer personalmente. Bueno quedamos así entonces. El Miércoles nos encontramos nuevamente acá y ahí nos pasamos los números de teléfono para ver cómo arreglamos. No sea impaciente, para el sábado falta mucho, recién estamos a Lunes.

Bueno, son las doce, terminó mi turno, que tengan buenas noches. Y pónganse las pilas que hoy no me aceptaron casi ningún pedido. Hasta el Miércoles. Chau 32, nos vemos pronto, no me extrañe.



miércoles, 10 de julio de 2013

Estudiantes de último momento


Nadie nunca en la vida de los mortales ha estudiado mucho tiempo antes para un parcial. Qué satisfacción se debe sentir estar a tres días del parcial y saberte absolutamente todos los temas, incluso las excepciones a las reglas generales. Llegar al parcial y hacerlo de taquito, incluso dándote el lujo de explicar cosas que no son necesarias pero que complementan. Justificar todas las respuestas. Hacer gráficos porque te queda tiempo. Ponerle color al parcial. Hacerlo en orden… primero el punto 1, después el 2, el 3, y así sucesivamente.

Bueno, todo eso no pasa… El único taquito en el que pensás es en clavarte un taco aguja en el medio de la frente por no haber estudiado con más anticipación. Escribís lo justo y necesario para que se entienda, pero que no se note que es puro chamullo. Las justificaciones salieron de alguna intuición divina que se te vino a la mente. Los únicos gráficos que tiene el parcial son dos boludeces que te pusiste a dibujar para pasar el rato y no entregar primero con la hoja casi en blanco. Se empieza por el punto que se sabe, y lo más difícil se deja para el final… de los tiempos, porque no lo pienso hacer.

En base a este sufrimiento colectivo, los estudiantes se podrían dividir en cuatro grupos muy bien definidos, sin importar si son estudiantes de secundaria, universitario, terciario, pos-grado:

- Están los que prefieren estudiar de noche antes de acostarse. Porque no confían en que puedan levantarse temprano a la madrugada, y prefiere alargar sus noches. El horario habitual de descanso de este tipo de personas antes de una rendida es a las 6 de la mañana. Duermen unas horitas para descansar la mente e ir con todas las pilas al parcial. Su frase de cabecera es “Cuando me acueste todo en mis pensamientos se acomoda y me levanto sabiendo”. Hay quienes pasan de largo, cuando los temas son muchos y la hora se pasa volando. Ellos son los menos afortunados de este grupo, ya que van al parcial con las ojeras como si fueran dos cráteres, donde cualquier auto tranquilamente podría perder un neumático si pasara por allí. Van sin descansar y demasiados sobresaltados por las altas dosis de cafeína que hay en su sangre. Con todo el café que tomaron están para ganarle una carrera al conejo de Duracell y a Usain Bolt. Y son los que típicamente cuando les decís una palabra que no está en su repertorio de estudio, se tildan cual Blackberry. Un reojito inmenso aparece en sus mentes, y todos los conocimientos se ponen en blanco, como si se reiniciara el sistema. Al igual que el Blackberry, hasta que se reinicia transcurrió la mitad del parcial, todo por el hijo de puta que dijo la frase: “teorema de Rolle”.
 
- Hay quienes prefieren levantarse bien temprano a la mañana. Porque dicen que funcionan mejor así, que si se quedaran a la noche no podrían asimilar el conocimiento por estar demasiado cansados. Su frase de cabecera es “Si descanso estoy más atento a lo que tengo que aprender”. Sin embargo la mayor dificultad, luego de salir de la cama cuando todos duermen, es llegar a estudiar todos los temas antes del parcial. Muchas veces no llegan ya que tienen un corto margen de estudio. En comparación con los anteriores, ellos no pueden decidir sobre la marcha levantarse antes para alargar el tiempo de estudio, ya que están durmiendo. El horario típico en el que puede localizarse una persona de estas características es a las 4.57 de la mañana, cuando luego de haber pospuesto unas 5 veces el despertador, se dignan a levantarse mientras putean a todos los que siguen durmiendo, y procurando hacer menos ruido que un nene que está haciendo desastres en su habitación. A diferencia de los anteriores el conocimiento es poco, por ende no suelen colgarse con una duda en el medio del parcial. Por lo contrario, estas personas son las que divagan y empiezan a crear nuevas teorías. Creen tener constantemente insights (visiones internas de resolución de problemas, dicho de manera no psicológica) que le permiten resolver el parcial. Más bien yo diría que la tienen “bien inside” por no haberse levantado antes.

- Hay quienes se acuestan tarde y se levantan temprano. Estos son los que se sienten culpables. Los que se sienten demasiado cansados para trasnochar, pero demasiado culpables como para dormir más de 3 horas. Generalmente no hacen ninguna de las dos: ni estudiar ni descansar. Cuando descansan piensan en que tendrían que estudiar. Cuando estudian se acuerdan de lo agotado que están. Se los puede encontrar sentados en los rincones, abrazados a sus rodillas, con los ojos desorbitados, y un hilo de baba blanca colgando de sus bocas. No, mentira, no tan así. Se los suele encontrar en los parciales tratando de apelar a su memoria visual, y recordar qué carajo decía el puto recuadro de la página 145. Su frase de cabecera es: “La puta madre me acuerdo los dibujitos pero no se qué carajo era lo que significaban”.

- Hay quienes prefieren dormir toda la noche. De estos hay dos subtipos:

** Los que se resignaron totalmente y van a ir sin saber nada, para ver qué onda. Vaya si hay que tener valentía. Entregar en blanco debe ser la peor cosa que le puede suceder a un estudiante. El profesor te mira con cara de “cuando seas médico vas a matar a alguien”, nunca con cara de “pobre, quizás se le murió la suricata y está triste, mejor le pregunto qué le pasó”. Ahí sentís el verdadero poder que tiene la hoja en el juego “piedra, papel o tijera”. La hoja, cuanto más en blanco está, más mierda te hace sentir. La hoja asfixia a la piedra, de la culpa que le hace sentir, y la piedra se termina suicidando. La hoja denigra sin escrúpulos a la piedra, y ésta termina haciendo sapitos en algún lago cercano, hasta hundirse en lo más profundo y acabar con su vida, como Alfonsina Storni. A estas personas las podés encontrar escondiéndose de todos al retirarse del parcial, para que no sepan que entregó en blanco.

** Los que duermen toda la noche porque estudiaron mucho tiempo antes. Vaya si hay que ser hijo de puta. Son los que vienen con preguntas que te desacomodan todos los conocimientos. Son los principales culpables de que los del primer grupo se tilden en sus pensamientos. Son los responsables directos de que los del segundo grupo no puedan dejar volar su imaginación y contestar en una evaluación de física “qué es la vida” cual filósofo griego. Son los causantes de los malestares de los que se encuentran en el tercer grupo, ya que la culpa nace por ser el único que no estudió. Si él puede, ¿por qué yo no?” recitan los culpables. Son los máximos artífices de que los que entregan en blanco dejen la facultad, porque se sienten demasiado en desventaja con estos especímenes. Generalmente, se los pueden encontrar apedreados e insultados en la puerta de la facultad.

¿Y vos a qué grupo pertenecés? Contame en un comentario. Si pertenecés al último grupo te invito a retirarte inmediatamente de mi blog, porque estoy recién confesado y no voy a escatimar esfuerzos en tirar la primer piedra.
Éxitos con la época de parciales, y que les sea leve. ¡Hasta la madrugada y más allá!


martes, 2 de julio de 2013

Lealtad

Estoy vendado, no veo nada. Estoy tirado en el piso, contra un rincón, atado de manos y pies. No puedo moverme. No quiero moverme tampoco. Lo único que percibo con mis sentidos es mi cuerpo y el dolor en cada centímetro. Me duelen los huesos por los palazos, me duele la cara por los golpes, me duelen las muñecas de estar atado, el estómago por las patadas y las rodillas por la paliza que me dieron esos hijos de puta. Sangro por fuera, sangro por dentro. Estoy quieto de dolor, quieto de susto, quieto de la bronca, quieto de miedo.
El silencio me vuelve loco. No sé si hay alguien en este lugar húmedo y oscuro. No se escuchan sonidos por ninguna parte. Ninguna respiración, ningún movimiento, ningún quejido que indique que estoy acompañado. Sin embargo, presiento que hay más gente acá adentro. No nos pueden haber separado a los 15 en lugares diferentes porque la comisaría no es tan grande para tenernos lejos unos de otros. Quizás mis amigos sí están acá, pero al igual que yo no quieren hablar porque piensan que hay un milico ahí vigilándonos y que al mínimo sonido que emitamos nos va a dar un culatazo con la escopeta en la nuca. Ya fue suficiente tortura que nos cagaran a palos por no haber hablado. Sería estúpido hablar al pedo y que nos vuelvan a pegar.
Estos milicos se piensan que a golpes se le saca la información a la gente. Piensan que por pegarme un poco me van hacer decirles quiénes estaban afiliados al partido. No soy como los otros que me delataron. No les voy a contar nada, aunque me sigan pegando.
¿Qué saben éstos de lealtad? No saben nada. No saben nada de ética, ni de política, menos van a saber lo que es la lealtad. Ellos entienden lo que es la obediencia.  La obediencia es por jerarquía, por subordinación, por miedo a que te maten si desacatás una orden. Nunca van a entender lo que es ser leales a un compañero, leales a las ideas, al partido. Y como no lo entienden quieren sacarte esa idea revolucionaria con un fierro. A fierrazos no se cambian las ideologías. A fierrazos se pueden soltar las cosas que estaban un poco flojas. Los que recién iniciaban, no los culpo que nos hayan mandado al frente. A patadas les hicieron tirar todos los pensamientos de izquierda que tenían en sus mentes. Pero a mí eso no me va a pasar. Veinte años militando en el partido… creo que hace falta un poco más que una buena paliza para hacerme decir lo que no quiero decir.
Abrieron la puerta con furia y la dejaron golpear contra la pared para imponer respeto. Alguien camina adentro de la sala unos pasos. Cada paso que da es mecánico, es de marcha, de desfile. Taco, talón, punta. Taco, talón, punta. Taco, talón, punta. Giro. Se queda quieto. Siento que me mira y eso me pone nervioso. Me enderezo y me siento para dar señales de que sigo vivo. Cuando termino de apoyar mi espalda contra la pared, alguien suelta un llanto mínimo, nervioso, incontenible. Corroboré mi teoría de que no estaba solo en esa habitación.

El que había entrado estaba esperando ese momento, y va directo hacia él. Lo agarra mientras grita y se lo lleva arrastrando, pidiendo por favor que lo dejen, que ya basta, que no sabe nada, que no quiere más.
El portazo y los gritos de ese hombre alejándose deja la escena vacía. Pero no tanto como antes. Ahora se sienten más respiraciones en el ambiente. Respiraciones tensas, entrecortadas, dolorosas. Los pulmones no llegan a llenarse que el aire ya está saliendo.

Afuera gritos, golpes, silencio. Preparados. Apunten. Fuego. Las balas se sienten caer en el suelo del patio. La ventana del cuarto donde estamos nosotros da a ese patio y se escucha absolutamente todo, pero no se ve nada. Imagino las escenas desde que se lo llevan hasta que lo fusilan. Y lo más doloroso de imaginar es, sin duda, el sonido del cuerpo cayendo al piso. La cabeza desplomándose sobre las baldosas. El cuerpo siendo arrastrado hacia vaya uno a saber dónde, para que sea un desaparecido más.

La escena se repite una y otra vez. Silencio, portazo. Silencio, gritos. Silencio, balazo. Silencio.

Me dejan para el final. Cuando llega el milico, me agarra de las ataduras, me levanta sin piedad, me pega como parte del protocolo y me hace caminar. Antes de llegar al patio me saca la venda y lo miro a los ojos. Están desenfocados. No hace contacto visual conmigo. Tiene las pupilas contraídas de haber visto tanto horror, los párpados hinchados con lágrimas ajenas. Le mirás el iris y sabés qué hace. El iris es la parte más noble del ojo, la parte que más transmite con la mirada. Y el suyo me dice que no quiere estar ahí. Ese iris marrón con finas líneas negras, me está indicando, que eso que está haciendo conmigo, y los otros quince que antes pasaron, es obediencia, no es convicción ni lealtad.

A pesar de eso, seguro de sus obligaciones me lleva hasta una pared blanca salpicada de rojo, como si
fuera una pintura de algún artista contemporáneo. Una tela blanca y explosiones de sangre a diferentes alturas. A medida que me acercan también distingo agujeros negros de las balas que habían fallado el blanco. Si fuera un coleccionista compraría esa pintura y la llamaría “El reposo de las ideas arrebatadas por los militares”.

Me alistan contra el paredón. Preparados. Apreto fuerte los dientes sabiendo mi final. Mi mandíbula se contrae de manera inexplicable. Apunten. Agacho la cabeza para ver mis pies atados y mis zapatos un poco ensangrentados por la golpiza. Listos. Vuelvo a alzar mi cabeza para mirarlos a los ojos a esos cuatro que me iban a disparar y les grito: “¡Las ideas no se matan, lealtad al comunismo!” Fuego.

martes, 25 de junio de 2013

Mis muelas y las tribus

Llegué y la sala de espera estaba vacía. Me senté en una silla individual que había en una esquina para evitar que, por esas casualidades se llenaba de gente, no iba a tener a nadie sentado al lado. Agarré la pila de revistas que había en una mesita de vidrio a mi lado, y busqué alguna para leer. Farándula, farándula, implantes dentales, farándula, política, ecología, farándula, economía, agro, farándula.
Es increíble la cantidad de revistas de chusmerío que hay en un consultorio. La gran mayoría de los famosos sonriendo, y vos mirándole la sonrisa que tienen en la foto y pensando: “La puta madre, este forro tiene toda la plata y los dientes perfectos, y yo acá esperando a que me arreglen una muela. Y después como no puedo reprochar de lo dormido que tengo los labios por la anestesia, me fajan con el precio.”
Deberían tener una fecha de vencimiento esas revistas de farándula. No puede ser que agarres una y hable de la separación de Marcelo Tinelli y Paula Robles, de la caída de la Pradón del balcón, muestren a Luciana Salazar sin operar, o Susana Giménez flaquita. Son cosas más viejas que Mirtha Legrand y China Zorrilla juntas.
Tendría que haber libros en los consultorios. Libros de cuentos cortos o poesía. Dos o tres páginas cada uno, no más. Para que el que espera pueda leer algo productivo y se vaya a su casa sabiendo alguna historia de Poe, o alguna poesía de Whitman, antes que enterarse que Fort le regaló un tremendo auto importado, que vale más que lo que vas a ganar en toda tu vida, al flaco que se está moviendo.
En eso encuentro un suplemento de cultura de vaya uno a saber qué diario. Esos típicos suplementos que los Domingos son un estorbo y terminan siendo usados para apoyar la pava del mate mientras lees las noticias del Clarín. Ese mismo suplemento, en un consultorio, puede ser tu salvación del aburrimiento.
Lo empecé a ojear y me llamó la atención un artículo sobre las tribus Kayan de África. Las mujeres “Padaung”, una minoría étnica de esta tribu, son las tan conocidas “Cuello de jirafa”, que se ponen anillos de metal alrededor del cuello. Esos anillos van presionando poco a poco la clavícula hacia abajo haciendo que parezca que tienen el cuello más largo, pudiendo llegar a aumentar 30 centímetros el tamaño de su cuello.
Descartando los problemas cervicales y de salud que esta práctica puede traer, me puse a pensar, posando mi mirada sobre la pared blanca del consultorio, en las ventajas que podría tener esta práctica en nuestra sociedad:
- No te manchás más el pantalón con el jugo del choripán cuando comés parado.
- No quedan manchas de empanada en las remeras blancas producto de las salpicaduras.
- No tenés que agacharte a saludar a alguien que está sentado, con sólo estirar el cuello basta.
- Podés ganar los 100 metros llanos contra Bolt si estirás la cabeza un metro antes de llegar a la meta.
- Podés hacer apuestas a que te podés lamer el codo y ganar mucha plata.
- Podés comerte las uñas de los pies si no encontrás el corta uñas.
- Si tenés un/a novia/o más bajo que vos, no necesitás flexionar las rodillas, para darle un beso.
- Si tenés un/a novia/o más alto que vos, no necesitás ponerte en puntitas de pie y que se te acalambren los gemelos.
- No te perdés en el boliche porque podés elevar tu cabeza por sobre la gente y encontrar a tus amigos.
- Si jugás al fútbol podés darle más recorrido a tu cabeza para cabecear, lo que hace que la pelota salga más rápido cuando la impactes.
- Podés hacer más notorio y expresivo el movimiento de pera que hacés cuando querés buscar roña mientras decís: “¿Qué mirá’ gil?”
- Es más factible que ganes al Twister cuando tengas que apoyar la oreja en un color que te quede lejos.
- Podés mirarle el culo a tu novio/a cuando lo estés abrazando.
- Por fin vas a poder usar toda la bufanda completa y no vas a tener la parte que sobre adentro de la campera, que es re incómodo.
- Podés hacer mejores imitaciones de tortugas saliendo de su caparazón y quizás hasta ganarte la vida haciendo eso en el teatro.
- Podés espiar algo o a alguien sin moverte de tu lugar.
- Tenés más cuello para apoyar cuando hacés el rol adelante.
- Trabajar de Diplodocus, dinosaurio cuello largo, en alguna remake de Jurassic Park.
- Trabajar vestido de avestruz en un zoológico para invitar a la gente a que pase.
- Ser el extraterrestre ET en una posible segunda parte de la película.
En eso me llama la dentista, me invita a que pase para comenzar con la extracción de mi muela.

Mientras caminaba hacia el sillón me acordaba de otra tribu Africana, los Himba, que cuando la tribu considera que uno de los niños ha llegado a la  pubertad, celebra un rito. Este consiste en que le extraen al jóven, de la forma más salvaje y sin anestesia alguna, los dos dientes incisivos inferiores. Se los arrancan de cuajo. Debe de ser uno de los momentos más desagradables de sus vidas. Es razonable que les duela, porque la práctica no lo realiza un profesional y lo hacen sin anestesia. Sin embargo, y de esto estoy seguro, yo la paso peor que los Himba porque mi dentista me pone anestesia, pero me hace mierda igual. Preferible que te agarren estos indios o sacarse las muelas como Tom Hanks en Náufrago, con un patín de hielo, antes que ir a este consultorio.

Siempre usamos la frase: “Es un indio” para hablar de alguien bruto, pero hay cosas más entendibles que la brutalidad de mi dentista.